BATELES
01-08-2008 - 07:58:30 - 117 Lecturas
Las bateleras reinaron en la bahía
Donibane despidió sus fiestas patronales recordando a aquellas mujeres que siglos atrás cruzaban a remo el estrecho brazo de mar que divide a Pasaia transportando visitantes
DIARIO VASCO - «Estas muchachas eran muy altas, de delgado talle, la tez morena, los dientes admirables, los cabellos negros y lustrosos como las alas del cuervo; los llevaban en trenzas, dejándolas caer sobre sus espaldas, sujetándolos con algunas cintas; llevaban sobre la cabeza una especie de velito de muselina bordada en oro y seda, que rodeaba su cuello y cubría su garganta; lucían pendientes de oro y de perlas y collares de coral; llevan una especie de jubón, como nuestras gitanas, cuyas mangas son muy estrechas. Os aseguro que me encantaron. Me dijeron que estas muchachas de pie marino nadaban como peces y que no admitían entre ellas a otras mujeres ni hombres; es una especie de pequeña república, a la que acuden de todas partes, y sus padres las envían allí desde muy jóvenes».
Así definía la condesa D'Aulnoy a las bateleras de Pasajes en 1676. La impresión que le causaron en su visita a Pasaia se recoge en el libro Relation du voyage d'Espagne, en el que habla de las costumbres locales de la época y de las anécdotas vividas por la propia autora durante su estancia en la población.
Diferente era la visión que ofrecía, también en el siglo XVII, Lope Martínez de Isasti. Según explicaba, «asimismo ha tenido y tiene este lugar mujeres varoniles, que sin temer las tormentas de la mar, han acudido con chalupas a atoar, y meter en el puerto galeones de las armadas reales y otras naos que vienen de Terranova y de otras partes, remando con gran esfuerzo como si fuesen varones, en falta de marineros que andan por la mar en sus viajes; que las han librado de manifiestos peligros y reconocido sus dueños, alabándolas por ello, que es cosa rara aún en la misma costa de Guipúzcoa».
Ayer, día de San Ignacio, las herederas de aquellas mujeres «de una habilidad y de una gentileza encantadoras», como las calificaba la citada escritora, hicieron gala de la misma fuerza y decisión que sus antecesoras, las célebres sanjuandarras que conducían embarcaciones de una orilla a otra mientras los hombres estaban ausentes inmersos en campañas de pesca.
Las bateleras del siglo XXI rindieron tributo a las que pasaron a la historia de Donibane con el desfile que protagonizaron a mediodía. Ataviadas como antaño, con falda de vuelo, camisa de manga larga, pañuelo al cuello, alpargatas y sombrero, las mujeres partieron de Meipi para encaminar sus pasos hacia el casco antiguo y llegar hasta la Plaza de Santiago. En su recorrido, estuvieron acompañadas de la banda de música pasaitarra Konstantzia, cuyos integrantes llevaron a cabo horas antes una diana náutica.
Regata y zortziko
Pero la intervención de las bateleras en estas fiestas no concluyó ahí. Aún había tiempo para embarcar y celebrar una regata muy especial que contó con buen número de vecinos de Donibane como público. A su término, los espectadores no quisieron perderse el reparto de premios ni tampoco el popular zortziko de bateleras.
El encuentro con el pasado culminó con una comida que, a partir de las dos de la tarde, reunió a todas las mujeres en una misma mesa. Llegaba el momento de dejar aparcados los remos y disfrutar de una jornada que no volverá repetirse hasta dentro de un año.
Otro tanto puede decirse del resto de festejos que ayer se despedían de sus más fieles seguidores. Desde la sokamuturra a la kalejira con los txistularis de Itsasmendi, pasando por las actividades destinadas a los más pequeños de la casa, las verbenas y la tamborrada de jóvenes y adultos por la bahía. Sus rataplanes y la explosión de colores de los fuegos artificiales escribió en el cielo el 'the end', que dio lugar a la arriada de la ikurriña y nuevos redobles, esta vez, de despedida.