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TRAINERAS

Las apuestas y las traineras (1885 - 1897)

23-10-2012 - 09:04:00 - 7762 Lecturas

Las apuestas eran, sin lugar a dudas, una de las vertientes más significativas de los retos que tenían lugar dentro de los deportes tradicionales vascos.

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Las apuestas y las traineras (1885 - 1897)
TODOREMO - (Olga Macías Múñoz (Universidad del País Vasco)).-Independientemente de la acción del desafío, lo que ya ponía de manifiesto el sentido lúdico de esta acción, dentro de un marco de confrontación en el que siempre había un vencedor y un vencido, se le añadía la vertiente de la apuesta concertada entre los mismos contrincantes y que era condición indispensable dentro del reto. Sin embargo, este aspecto de las apuestas no se circunscribía solamente a los competidores de estos desafíos, sino que también se expandía a todos los niveles de la sociedad por medio de las traviesas, es decir, las apuestas cruzadas por aquellos que no participaban en la prueba.

Según recoge el Diccionario de la Real Academia Española, las traviesas son, dentro de una primera acepción, aquello que se juega además de la apuesta, y dentro de una segunda acepción, aquella apuesta que el que no juega hace a favor de un jugador. Por otra parte, según este mismo diccionario, atravesar es cuando nos referimos al juego, poner traviesas, apostar alguna cosa fuera de lo que se juega. Por último, la palabra momio hace referencia a lo que se da u obtiene sobre lo que corresponde legítimamente, dentro de lo apostado, se sobreentiende.

Dentro de este artículo, se hace referencia a lo que fue el fenómeno de las apuestas dentro de uno de los pilares básicos del deporte tradicional en la cornisa cantábrica, como son las traineras. En efecto, las traineras (y en mayor medida incluso, las pelora) han sido y siguen siendo hoy en día dos de los deportes más emblemáticos dentro del panorama deportivo vasco. Aunque en la actualidad este tipo de confrontaciones no se pueden considerar como deportes de masas, sí que lo fueron a finales del siglo XIX y principios del siglo XX a tenor de la gente que movilizaban. Tanto en las traineras como en la pelota se medían las fuerzas de los contrincantes, era, por lo tanto, el factor humano lo que entraba en liza, con sus esfuerzos y limitaciones. Claro, que todo era cuantificable, incluso el tanteo de un juego como la pelota, o la resistencia y habilidad de los remeros en llegar los primeros. Y en este aspecto, se ponía precio al esfuerzo de unos y de otros mediante las apuestas. La implicación de estos participantes en las apuestas era muy variada y dependía de los tipos de partido que se desarrollase o del reto que tuviese lugar.

El deporte de las traineras no se vio ajeno al bullir de las apuestas. Uno de los ejemplos que mejor demuestra lo que llegó a movilizar todo este aspecto crematístico vinculado con el deporte del remo, nos viene muy bien explicado a través del reto que tuvo lugar el 30 de noviembre de 1890 entre donostiarras y ondarreses. No vamos a entrar ahora a describir los prolegómenos de esta prueba, ya que fueron sumamente arduos, llenos de requiebros por ambas partes. Con bastante antelación al desarrollo de esta regata, y mientras tenían lugar las gestiones entre las comisiones de los remeros de San Sebastián y los de Ondárroa para llegar a un acuerdo sobre el modo y el cuándo de este desafío, la expectativa popular sobre este evento iba en aumento. Buena prueba de ello fueron las traviesas que se cruzaron a favor de uno u de otro contendiente.

El dinero apostado oficialmente entre ambos bandos era de 25.000 pesetas, pero las cantidades atravesadas entre particulares excedieron con creces esta cifra. La prensa se hizo eco de este tipo de apuestas y cuando parecía que las negociaciones para llegar a un acuerdo para celebrar la regata iban por buen camino, los periódicos de San Sebastián recogían la noticia de que había un gran número de personas que estaban dispuestas a atravesar importantes sumas a favor de los remeros de esta ciudad. El 10 de octubre, a 42 días para la fecha que se había fijado inicialmente para la celebración de las regatas, ya habían comenzado a concertarse algunas traviesas. Había una señora que quería jugarse 20.000 pesetas a favor de los de Ondárroa y el dueño del Café del Norte de San Sebastián tenía 25.000 duros depositados para hacer traviesas a favor de los marinos donostiarras. Se calculaban en miles de duros las apuestas que se estaban realizando por esos días en la capital donostiarra a cuenta del regateo.

A medida que las negociaciones sobre las condiciones de la regata se estaban llevando a cabo, los ánimos se iban caldeando. No se cruzaban solamente apuestas a favor de quién quedaría ganador de la prueba, también se concertaron apuestas sobre el transcurso de la regata. Por ejemplo, hubo quien apostó a que en el primer tercio del recorrido los de Ondárroa no sacarían ventaja alguna a los de San Sebastián, e incluso a que éstos no llegarían a la meta. También se llegó a apostar en cuánto tiempo se haría la regata y qué tripulación era la que tenía un peso mayor.

Conforme se iba acercando la prueba, el afán por cruzar traviesas era cada vez mayor y la prensa donostiarra calculaba que se llegarían a concertar hasta 70.000 duros en apuestas. Los socios del club de la Sociedad “El Sitio” de Bilbao, enviaron a San Sebastián un telegrama interesándose en la cantidad que se estaría dispuesta a jugar en esta ciudad a favor de los donostiarras. Continuaban haciéndose importantes traviesas, abundando el dinero por Ondárroa pero, a pesar de ello, se iba enfriando un poco el entusiasmo por apostar.

Esta cuestión de las apuestas no se vio exenta de polémica por parte de la prensa y El Porvenir Vascongado de Bilbao acusaba a La Voz de Guipúzcoa de inflar las cifras que citaban sobre las cantidades apostadas. El periódico bilbaíno indicaba que habían salido de Ondárroa a San Sebastián más de 20.000 duros para ser cruzados, pero que no se encontró a nadie que quisiera atravesar una sola peseta. La Voz de Guipúzcoa le rebatió, diciendo que sólo en el Café de la Alameda se habían realizado traviesas por cantidad mucho mayor y que en el Café del Norte se habían atravesado 6.000 pesetas, además de otras apuestas realizadas en otros cafés y por otros particulares donostiarras y que hasta el momento ascenderían a 36.500 pesetas. Y todo esto, sin tener en cuenta lo que se jugaba en otros sitios como la Pescadería y pueblos de Guipúzcoa, de lo que no se tenía constancia pero que ascendía a importantes cantidades.

Las traviesas fueron incrementándose en cuanto se acercaba el día de la prueba. La mayoría de las apuestas eran a favor de los ondarreses y se realizaban hasta con momio (traviesas con interés añadido sobre la par). El Club Náutico de Bilbao envió a San Sebastián un delegado con 20.000 duros para jugarlos por los ondarreses. En Tolosa eran muy importantes las cantidades apostadas a favor de los vizcaínos, y se dieron casos reveladores como el de un pastor de Hondarribia que apostó también a favor de éstos una cabra, o de un pescador de San Sebastián que depositó en una taberna un cauchú para cruzarlo por de los donostiarras. Hubo también pescadores de San Sebastián que, a falta de otros bienes, llegaron a apostar sus colchones a favor de sus convecinos y otro de Ondárroa que llegó a jugarse el elástico (camiseta) por sus paisanos. En la proximidad de la regata, las apuestas se iban igualando en torno a los dos contrincantes, a pesar de ello, a última hora se buscaba con afán el dinero por Ondárroa para jugar a la par a favor de los donostiarras. Se calculaba que pasarían de 250.000 pesetas la cantidad que se había llegado a apostar a cuenta de la regata.

Los donostiarras fueron los vencedores de este reto, y la explosión de alegría y júbilo que siguió en San Sebastián a la victoria de sus remeros, desembocó en una inmensa algarada popular, en parte, por los importantes beneficios obtenidos por las apuestas. Sin embargo, las consecuencias de la derrota fueron nefastas para Ondárroa. Ésta quedó arruinada, y llegó el caso de mareantes que perdieron la lancha y las artes de pescar. La mala situación en la que quedaron los marinos ondarreses fue incentivo para que se abrieran distintas suscripciones a favor de ellos, la primera, la auspiciada por el Club Náutico de Bilbao. Por su parte, los remeros de Ondárroa cumplieron con la deuda de 20.000 pesetas que quedaba pendiente del reto con los pescadores donostiarras. Como consecuencia de este elevado desembolso, los ondarreses vieron acuciadas las penurias a las que ya estaban sometidos ante la deuda que todavía estaban pagando como resultado de los gastos originados por la última guerra civil.

Con la generalización de las ligas de traineras, se fueron consolidando empresas que se especializaron en las apuestas vinculadas con este tipo de eventos (una de las mayores empresas online, como apuestas de Bwin, tiene incluso sistemas de apuestas para regatas internacionales de remo olímpico o regatas de los JJ.OO). En la actualidad, ambos tipos de apuestas siguen teniendo lugar, formando parte consustancial del deporte de la pelota y del remo. Lejos quedan las formas arcaicas de traviesas en las que eran noticias constantes la quiebra de haciendas familiares y la indefensión de los parroquianos de estas timbas. Las autoridades, desde un paternalismo mal entendido, tomaron una postura salomónica que, sin llegar a la prohibición de las apuestas, con el consiguiente perjuicio para las empresas que se dedicaban a estos negocios, limitaron su cuantía. De este modo, todos quedaron contentos, las empresas continuaron haciendo negocio y sus parroquianos seguían apostando dentro de unos límites que las autoridades consideraban convenientes, sin riesgo alguno a escándalos sociales que soliviantasen más ánimos que aquellos de los sectores más críticos de la población.


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